Anatomía normal:

 

El psoas mayor, menor y el músculo ilíaco son músculos flexores de la cadera y el tronco. El psoas mayor se origina de las apófisis transversas de la duodécima vértebra dorsal así como en todas las vértebras lumbares.

Las fibras musculares se unen y se disponen caudalmente en una localización paraespinal. Al salir de la pelvis, el psoas mayor pasa a una localización más anterior y se une al ilíaco formando el músculo iliopsoas. Este pasa por debajo del ligamento inguinal y se inserta en el trocánter menor del fémur.

 

El psoas menor es un músculo largo y delgado situado inmediatamente por delante del psoas mayor. Cuando existe se origina de los lados del cuerpo de la última  vértebra dorsal y de las primeras vértebras lumbares.

 

 

En la TC de los músculos psoas mayores normales se delimitan claramente en casi todos los pacientes como estructuras parejas paraespinales. Su porción proximal tiene forma triangular mientras que el extremo distal es más redondeado. El tamaño del psoas va aumentando en dirección caudal. Cuando se ve, el psoas menor aparece como una masa de partes blandas pequeña y redondeada por delante del psoas mayor y no debe de ser confundido con adenopatías.

 

En resonancia magnética el psoas tiene una baja intensidad tanto en imágenes T1 como T2. Las secuencias de pulso potenciadas en T1 ofrecen el máximo contraste entre el músculo y la grasa retroperitoneal adyacente. En T2 y T1 tras la administración de gadolinio con supresión de grasa muestran fácilmente la diferencia entre un psoas normal y otro patológico.

Hay que obtener imágenes axiales para evaluar los psoas.

 

Patología:

 

Neoplasias:

 

Las neoplasias pueden afectar el músculo psoas por uno de estos tres mecanismos: a) sustitución total, b) desplazamiento medial y c) desplazamiento lateral. En el último caso se observa una masa paraespinal, que suele representar adenopatías, entre la columna y el psoas.

En TC los linfomas y otras neoplasias retroperitoneales malignas pueden agrandar o borrar los contornos del psoas, independientemente de cual sea el mecanismo subyacente. El músculo afectado suele tener un valor de atenuación similar al músculo normal aunque también puede verse en zonas de baja de atenuación.

 

En la RM el músculo patológico tiene una intensidad de señal mayor que el normal tanto en las imágenes potenciadas en T1 como en T2. En las secuencias potenciadas en T1 la intensidad de señal del músculo afectado es inferior a la de la grasa a menos que haya hemorragia, en cuyo caso puede verse una alta intensidad de señal en la zona patológica. Debido a su mayor sensibilidad al contraste, la RM distingue mejor que la TC el músculo psoas normal del patológico.

 

 

 

 

Lesiones inflamatorias:

 

La infección del psoas suele ser el resultado de una extensión directa de las estructuras vecinas con la columna, el riñón, las asas intestinales y el páncreas. Al haber disminuido la incidencia de tuberculosis vertebral, la mayoría de los abscesos del psoas en la actualidad son de origen biogénico. En la TC el psoas afectado está aumentado de tamaño de forma difusa, normalmente con áreas centrales de menor atenuación (0-30 UH).

En general el tamaño y la extensión del absceso se determinan con facilidad, el empleo de contraste intravenoso permite ver mejor el absceso en muchos casos.

El hecho de ver un aumento de tamaño uniforme del psoas con zonas de menor densidad no es específico de un proceso inflamatorio.

 

Una manifestación benigna de una necrosis del cuerpo vertebral, la demostración de burbujas de gas en el psoas es prácticamente patognomónica de un absceso. Cuando los hallazgos en la TC son inespecíficos, puede realizarse una aspiración percútanea con aguja guiada por TC para obtener muestras de tejido para el estudio histológico y cultivos.

 

En los casos en que el diagnóstico de absceso del psoas es seguro, la TC puede emplearse para guiar el drenaje percutáneo, los abscesos del psoas también pueden ser diagnosticados con RM.

Tiene una intensidad de señal igual o superior a la del músculo normal en las imágenes potenciadas en T1 y una intensidad de señal alta en T2.

 

Con la RM no es posible distinguir la inflamación o los abscesos del psoas de la afectación del músculo por una neoplasia dado que las características de señal son similares. Una importante limitación de la RM es su incapacidad para detectar pequeñas colecciones de aire que pueden existir en el interior de los abscesos.

 

Otros trastornos:

 

Aunque puede verse hemorragias espontáneas en el psoas por un exceso de anticoagulación, los hematomas en este músculo también pueden ser el resultado de una rotura de un aneurisma aórtico.

Como se mencionó anteriormente, los valores de atenuación en la TC de los hematomas varían entre los +20 y +90 UH, dependiendo de su antigüedad.

Los hematomas, los abscesos y neoplasias con o sin necrosis central pueden tener una apariencia idéntica en la TC.

Los hematomas intramusculares en la RM dependen del estadio en que se encuentren. Se ha señalado antes que los hematomas agudos pueden tener un aspecto inespecífico en la RM mientras que los subagudos y los crónicos suelen presentar rasgos más característicos.

La atrofia del psoas por trastornos neuromusculares se identifica con facilidad al ver una disminución uniforme del tamaño del músculo en el lado afectado.

En ocasiones los músculos afectados tienen una densidad baja en la TC como consecuencia de un reemplazo graso parcial.

 

Aplicaciones clínicas:

 

La radiografía simple no es ni sensible ni específica para valorar las patologías que afectan al músculo psoas. Los bordes de ambos psoas pueden verse mal o no verse en un número importante de sujetos normales. Además de las patologías que afectan el borde interno del psoas pueden no identificarse inicialmente en radiografías simple.

Abscesos del músculo psoas

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