Desde el inicio de la era laparoscópica el número de colecistectomías ha aumentado considerablemente. Esto debido a los grandes beneficios que ofrece la cirugía endoscópica.

Desgraciadamente este aumento en el número de procedimientos es también acompañado por un aumento en el número de lesiones de la vía biliar, no así de otras complicaciones.

 

Los problemas más frecuentemente presentados son la hemorragia, infección, colecciones peri hepáticas, lesiones a la vía biliar y fuga biliar. Las lesiones de vía biliar han aumentado de 2 a 3 veces, esto principalmente debido a la lesión inadvertida del colédoco.

 

De todas las complicaciones analizadas en 83 series de colecistectomías laparoscópicas realizadas en los Estados Unidos, la fuga biliar fue la complicación más frecuentemente reportada. 95% de las colecciones perihepáticas se resuelven de manera espontánea, sin embargo, en otros casos estas colecciones se ven limitadas por las estructuras anatómicas del abdomen formando así un biloma. La localización más frecuente es en el lecho vesicular, la colección queda generalmente limitada por el hígado, el estómago y el epiplón menor.

 

El manejo de la fuga biliar postoperatoria, depende del tiempo de diagnóstico en relación a la cirugía. Las fugas biliares generalmente son causadas por lesiones inadvertidas del colédoco como lo mencionamos anteriormente, sin embargo, la mala técnica en la aplicación de grapas; esto es grapas mal apretadas, colocadas una sobre la otra, grapas que no ocluyen el espesor completo del conducto y grapas colocadas muy próximas unas a otras, pueden ser la causa.

La fuga biliar secundaria a conductos de Luschka permeables se presenta hasta en el 17% de los casos.

 

La lesión puede ocurrir durante la disección tanto por instrumentos como por energía. La lesión térmica ocasionada por los instrumentos tanto monopolares como bipolares, aplicados cerca de la vía biliar, puede ser causa de lesión desapercibida, y generalmente se manifiesta de manera tardía.

 

La valoración inicialmente se realiza por medio de ultrasonido, ya que es de alta sensibilidad y especificidad para detectar líquido, además de su bajo costo, sin embargo, la ausencia de líquido en el estudio ultrasonográfico no descarta por completo la posibilidad de fuga. Además, el ultrasonido y la tomografía computada pueden detectar colecciones dentro de la cavidad abdominal pero no pueden adecuadamente distinguir la naturaleza de las mismas. El no poder valorar si estas colecciones comunican o no con la vía biliar es otra de sus desventajas. La tomografía computada con drenaje percutáneo así como la punción guiada por ultrasonido puede ser una opción diagnóstica y terapéutica viable.

El estudio con radioisótopos es un método sensible, no invasivo que permite identificar complicaciones postoperatorias en cirugía hepatobiliar, en especial en fases tempranas.

La colangiografía retrógrada endoscópica (CPRE) es el estudio que mayor información aporta, identifica el sitio de la fuga, determina si existe litiasis residual y permite realizar una esfinterotomía y ferulización si estuviese indicado.

En caso de no contar con los métodos previamente mencionados, la laparoscopia de repetición es un método adecuado, y en caso de no lograrse, la laparotomía continúa siendo una excelente opción y para muchos, la óptima.

 

BILOMA

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